Aprendizaje en tiempos de confinamiento. Una mirada anarquista.

Estos pensamientos que volcamos ante vuestra lectura son el resultado de conversaciones y fugas que la vida cotidiana ha ido trazando en el transcurso del encierro que hemos sufrido y, aunque en diferente medida, aún sufrimos. Es, por tanto, que debéis tomarlos de esta manera, libres e improvisados al igual que la naturaleza misma cuando crece exuberante y sin límite, pero no por ello carente de reflexión.

Pedagogía anarquista

Aunque hay enfoques diversos a lo largo de la historia, el discurso libertario hace hincapié en la capacidad de los sujetos y las comunidades para construir mecanismos de aprendizaje cooperativos, autónomos y transformadores para el conjunto de la sociedad, y de la clase trabajadora en particular, sin que puedan disociarse los medios y los fines. En estos momentos de dificultad y de cara a próximas situaciones que devengan similares a la pandemia actual del Covid19, la práctica anarquista retoma su importancia como actor social reemplazando los preceptos del capitalismo salvaje por valores que conduzcan a un presente de equidad y convivencia sostenibles.

Experiencias de enseñanza y aprendizaje durante el encierro.

En muchos medios se ha puesto el foco en las dificultades de las familias con niñas y niños de las clases desfavorecidas para poder atender a sus necesidades educativas escolares mientras teletrabajan o realizan cualquier otro tipo de actividad. Sin minimizar todos estos detalles que expresan una situación más de explotación e invasión del espacio familiar por la dinámica perversa del trabajo, desde nuestra perspectiva la cuestión va mucho más allá: no puede haber aprendizaje significativo y relevante durante una situación de confinamiento pues, estrictamente hablando, el aprendizaje es una experiencia total que exige movimiento, experimentación, relación con iguales, libertad para equivocarse y corregirse, desconectar de la atención sobre las instrucciones y actividades del currículum, y del control estricto de la familia para la formación de la conciencia autónoma, la responsabilidad y la madurez. Hay que señalar aquí un detalle interesante, las niñas y niños españoles han sido quienes han sufrido un encierro más prolongado y estricto de todo occidente, con las secuelas que apenas ahora empiezan a manifestarse en fenómenos como el creciente miedo a la exterioridad del espacio público, considerado como algo hostil y peligroso.

El trato institucional.

El gobierno, erigido por sí mismo cómo único responsable capaz de brindar una solución eficaz a la crisis de la pandemia, ha disfrutado del marco necesario para difundir entre la población soflamas de corte patriótico y militarista a expensas de un cuerpo social acorralado, inerme, constreñido por el miedo que la violencia policial ha demostrado de forma implacable sobre aquellos sujetos que, por un motivo u otro, han desobedecido el confinamiento. La tan aclamada unidad nacional, aquella que de nuevo excluye del contubernio político a las mismas personas de siempre, a las y los nadie, nos propone al resto privilegiado ser benefactores del tan entrañable sentimiento de pertenencia, de volver al regazo del padre protector, a restituir la confianza plena que la institución creía perdida en los últimos años en su forma más ciudadanista e infantilizante: #yomequedoencasa. Nadie nos preguntó cuál era la mejor forma de afrontar la pandemia ni qué supondría una decisión tan extrema como la paralización de nuestras vidas, sencillamente fuimos sometidos al confinamiento, salvándonos de nuestra falta de responsabilidad y madurez, afirmación tantas veces predicada en estos meses. Basta conocer lo que ha ocurrido en los llamados “morideros” o residencias de personas mayores en estos últimos meses para ser conscientes del fracaso de la gestión estatal.

Dentro de esta lectura, también observamos como los sentimientos y actitudes más obscenas han aflorado en diversas formas durante la cotidianidad del encierro: los aplausos, que lejos de provocar una reflexión crítica sobre nuestro status quo o la situación heredada de privatización que ha provocado el colapso de la gestión pública así como la precarización de los profesionales sanitarios, han supuesto la distracción necesaria para diluir en una celebración blanqueada e inocua las proclamas más reaccionarias y simplistas; el miedo y rechazo a la infancia, convirtiéndola en chivo expiatorio de la propagación del virus, amparándose en lo incontrolable de sus movimientos y apetencias y siendo así el primer sector de la población en ser desplazado y recluido. Las más pequeñas y pequeños han sufrido y aún sufren la estigmatización de su propia naturaleza que es la espontaneidad y libertad de expresión como también lo son la capacidad de autoconocimiento y empatía, enemigos de la “nueva normalidad”, de las futuras normas del decoro y buena conducta ciudadana que nos salvarán de la infección.

La problemática de la vida confinada.

Uno de los efectos más devastadores del enclaustramiento para la población infantil y juvenil ha sido la ruptura de las relaciones necesarias entre iguales (las referencias básicas para construir una personalidad sana, fuera de la relación/control de la madre y el padre). En el discurso progresista dominante se habla de la escuela como el espacio de socialización por excelencia , ignorando que en realidad lo que la población infantil y juvenil reclama es el contacto con sus amigas y amigos, dado que la calle  como espacio autónomo de socialización desapareció hace tiempo con el desarrollo del urbanismo fascistoide moderno en los PAUs , reforzado por el discurso general de individualización neoliberal. Éste discurso de temor hacia los espacios exteriores a la vivienda y al contacto físico, difundido en los medios de comunicación con la correspondiente escenificación autoritaria y militarista, ha inoculado un sentimiento profundo de desprotección, con efectos psicológicos imprevisibles a medio y largo plazo  para la construcción de la personalidad del sujeto en la etapa infantil y juvenil

Nuestra apuesta por una educación desde la comunidad y para la comunidad. 

Ahora más que nunca desde el entorno anarquista tenemos que rescatar el discurso y las prácticas de una educación popular de la comunidad para la comunidad, donde  la enseñanza-aprendizaje de lo relevante responda a las necesidades de cuidado y emancipación de la clase trabajadora, sin distinción de sexos ni tramos de edad, y donde el entorno cultural, físico y medioambiental del barrio y de lo cotidiano suministren los contenidos básicos mínimos para una experiencia educativa significativa. La propia crisis del coronavid19 ha puesto patas arriba la dinámica del sistema escolar al mostrar su incapacidad institucional para asumir las necesidades de normalidad: no se puede continuar con la dinámica  de un nuevo encierro, el del aula. La crisis interpela a la propia comunidad sobre multitud de aspectos relacionados con la crianza y el aprendizaje, sobre por qué, para qué la escuela en la situación actual. En este contexto los espacios públicos  al aire libre se convierten en el nuevo escenario privilegiado para una nueva sociabilidad y aprendizaje y abren perspectivas interesantes de experimentación para las pedagogías y los proyectos críticos.  En Madrid existen experiencias que podemos mencionar como ejemplo de lo que hablamos: “La Tribu”, “Saltamontes”, “Tartaruga”, por un lado; y  dirigidos a la sector de la infancia; por otro otras experiencias como la “La Prospe”, y  la “Escuela Popular Parla” se abren al barrio, mostrando las potencialidades educativas  del entorno social y físico inmediato

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Comunicado ante la situación de cuarentena del Covid-19

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No podemos aceptar el confinamiento domiciliario propuesto desde las altas instancias del estado como una necesidad ineludible para combatir el coronavirus. Desde la OMS ya advirtieron en octubre de 2019 de la necesidad de prepararse para la pandemia a todos los niveles, pero las administraciones de los estados occidentales prefirieron mirar para otro lado reaccionando tarde ante la inminente situación de crisis y así después decretar el confinamiento, provocando el pánico entre la población y la muerte de miles de personas.

Sabemos, por la experiencia en otros territorios, que pueden haber otras medidas menos represivas que las que actualmente vivimos, las cuales suponen en realidad un estado de excepción inadmisible, dañino para la salud mental y física de la población general: unas medidas que excluyen otras posibilidades menos coercitivas, que permitirían la posibilidad de salir de la vivienda de forma voluntaria, responsable y controlada a los espacios naturales periurbanos, respetando las distancias entre personas. En momentos como el actual defendemos el uso de la bicicleta como modelo de transporte alternativo y seguro, que permite la comunicación con los espacios cercanos a través de caminos públicos y carriles bici urbanos e interurbanos.

Por otro lado, en nuestra opinión, esta medida supone un castigo y disciplinamiento innecesario para la población, que esconde en realidad (por parte de los gestores políticos y económicos) un proyecto político autoritario de sometimiento social a largo plazo, aprovechando el momento crítico de sufrimiento colectivo. Tampoco aceptamos el uso del discurso belicista institucional, así como la militarización del espacio público y las medidas represivas, máxime cuando se amparan en la normativa de la “ley mordaza”. La clase trabajadora de Parla y de otros territorios muestra  mayoritariamente ejemplos suficientes de uso responsable y aceptación de las normas de protección; bastaría con una campaña serena y participativa entre diversas entidades (asociaciones de todo tipo, colectivos sociales y sanitarios e instituciones locales) para proponer pautas de uso razonable de los espacios públicos. Sobran medidas policiales y militares y faltan estructuras de convivencia y mediación social.

Rechazamos rotundamente la práctica de la delación entre vecinas y vecinos, alimentada desde los medios de comunicación oficiales y tolerada por las responsables de las fuerzas políticas, supuestamente progresistas, que controlan las administraciones, tanto a nivel estatal, autonómico y local. Nos sentimos identificades con las  muestras de solidaridad y apoyo mutuo que la población ha desarrollado de forma espontánea y autoorganizada demostrando una enorme madurez y empatía frente a situaciones tan complicadas como la que nos toca afrontar y muestran el camino a seguir para construir estructuras sociales de colaboración y de cuidado fuera de los intereses de empresas y estructuras políticas responsables de la situación que atravesamos.

No aceptamos que se proponga el encierro domiciliario por decreto, y sin embargo se obligue a multitud de trabajadoras y trabajadores a compartir espacios masificados en los transportes o las empresas. Nos adherimos a las medidas exigidas desde colectivos sociales para paliar  la situación de desempleo o desamparo en el que están cayendo nuestras vecinas y vecinos, fruto de la paralización de la actividad económica, para garantizar los servicios básicos que garanticen una vida digna (energía, vivienda, alimentación, etc).

Creemos indispensable la reflexión y el análisis de todos los actores sociales para rediseñar de forma colectiva el sistema de salud y los recursos que necesitamos, con el objetivo de anticiparnos a otras situaciones crìticas que debamos afrontar. Para prevenir situaciones límite que pudieran sobrevenir similares a la actual necesitamos paralizar el actual modelo de hábitat dominado por el urbanismo de la “ciudad sin límite”, elaborando un proyecto colectivo de ciudad y entorno que integre la naturaleza,  y transformar el territorio útil en suelo cultivable para satisfacer las necesidades básicas de alimentación, a través de la creación de cooperativas agrícolas u otras formas autogestionarias.

Queremos concluir  este mensaje animando a colectivos sociales y entidades vecinales del entorno y  a la población en general de Parla a abrir un periodo de reflexión y análisis colectivo, con el objetivo de elaborar propuestas de medidas sociales, económicas y políticas con las que abordar la situación crítica que afrontaremos una vez terminado el periodo de confinamiento.

Afinidad Libertaria, 27 Marzo 2020

Reivindicación medioambiental / limpieza del cerro de la Cantueña (10/06/2018). 2ª parte.

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Finalmente el domingo 10 acudimos al Cerro de la Cantueña con compas de «Medio Ambiente Parla» y «ARBA» (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono) a realizar la limpieza que teníamos prevista. Para nuestra «grata» sorpresa, el lunes 11, técnicos del Ayuntamiento de Parla recogieron la docena de sacos llenos de basura y los restos del enrejado que conseguimos retirar.

Esperemos que pasen pronto también a recoger la media docena de montones de escombro acumulado que todavía siguen en diferentes zonas de la colina.

 

Reivindicación medioambiental / limpieza del cerro de la Cantueña (10/06/2018).

Llegan las «fiestas del agua» de Parla, y queremos hacer nuestra pequeña contribución con esta actividad reivindicativo-festiva, en defensa de un espacio de gran valor medioambiental, paisajístico e histórico del entorno local que abarca más de 190 ha. de terreno público que pueden y deben convertirse en espacio protegido. Llevaremos a cabo una pequeña limpieza de residuos en el entorno y daremos un paseo para disfrutar de la flora y fauna del entorno. Se recomiendan guantes, ropa cómoda y prismáticos para disfrutar de las imponentes vistas.

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QUÉ ES Y QUÉ QUIERE EL ANTIDESARROLLISMO

El antidesarrollismo por un lado sale del balance crítico del periodo que se cierra con el fracaso del viejo movimiento obrero autónomo y con la reestructuración global del capitalismo; nace pues entre los años setenta y ochenta del siglo XX. Por otro lado, se manifiesta tanto en el incipiente intento de ruralización de entonces como en los estallidos populares contra la permanencia de fábricas contaminantes en los núcleos urbanos y contra la construcción de centrales nucleares, urbanizaciones, autopistas y pantanos. A la vez, es un análisis teórico de las nuevas condiciones sociales auspiciadas por la ideología del progreso y el desarrollismo capitalista, y una lucha contra sus consecuencias. Es pues un pensamiento crítico y una práctica antagonista nacidos de los conflictos provocados por el desarrollo en la fase última del régimen capitalista, la que corresponde a la fusión de la economía y la política, del Capital y el Estado, de la industria y la vida. En resumen, la que corresponde a la sociedad de masas.

A causa de su novedad, y también por la extensión de la sumisión y la resignación entre las masas desclasadas, reflexión y combate no siempre van de la mano; una postula objetivos que el otro no siempre quiere asumir: el pensamiento antidesarrollista formula intereses generales y pugna por una estrategia global de confrontación, mientras que la lucha a menudo no sobrepasa el horizonte local o sectorial y se reduce a tacticismo, lo que solamente beneficia a la dominación y a sus partidarios. Esa separación es responsable de que la lucha se oriente hacía una modificación de las condiciones capitalistas, no hacia un anticapitalismo. Los medios contradicen a los fines porque as fuerzas movilizadas casi nunca son conscientes de su tarea histórica, mientras que la lucidez de la crítica tampoco consigue iluminar siempre las movilizaciones.

El mercado mundial transforma la sociedad continuamente de acuerdo con sus necesidades y sus deseos. El dominio formal de la economía en la antigua sociedad de clases se transforma en dominio real y total en la moderna sociedad tecnológica de masas. Los trabajadores masificados ahora son ante todo consumidores. La principal actividad económica no es industrial, sino administrativa y logística (terciaria). La principal fuerza productiva no es el trabajo, sino la tecnología. En cambio, los asalariados son la principal fuerza de consumo. La tecnología, la burocracia y el consumo son los tres pilares del actual desarrollo. El mundo de la mercancía ha dejado de ser autogestionable. Es imposible de humanizar: primero hay que desmontarlo.

Absolutamente todas las relaciones de los seres humanos entre sí o con la naturaleza no son directas, sino que se hallan mediatizadas por cosas, o mejor, por imágenes asociadas a cosas. Una estructura separada, el Estado, controla y regula esa mediación. Así pues, el espacio social y la vida que alberga se modelan según las leyes de la mercancía, la tecnología, la burocracia y el espectáculo, particularmente las relativas a la circulación, el control y la seguridad, originando todo un conjunto de divisiones sociales: entre urbanitas y rurales, dirigentes y dirigidos, ricos y pobres, incluidos y excluidos, veloces y lentos, conectados y desenganchados, vigilantes y vigilados, etc. El territorio, libre de agricultores, es reordenado según las nuevas necesidades de la economía, convirtiéndose en una reserva de espacio urbano, en una nueva fuente de recursos (una nueva fuente de capitales), un decorado y un soporte de macroinfraestructuras (un elemento estratégico de la circulación). Esta fragmentación espacial junto con las divisiones sociales que la acompañan aparece hoy en forma de una crisis global que presenta diversos aspectos, todos ellos interrelacionados: demográficos, políticos, económicos, culturales, ecológicos, territoriales, sociales… El capitalismo ha rebasado sus límites estructurales, o dicho de otra manera, ha tocado techo.

La crisis múltiple del nuevo capitalismo es fruto de dos clases de contradicciones: las internas, que son causa de las divisiones aludidas y de fuertes desigualdades sociales; y las externas, responsables de la contaminación, del cambio climático, del agotamiento de recursos y de la destrucción del territorio. Las primeras no sobresalen del ámbito capitalista donde quedan disimuladas como problemas culturales, laborales, asuntos crediticios o déficit parlamentario. Las luchas sindicales, nacionales y políticas que les corresponden jamás plantean salirse del cuadro que enmarca al orden establecido; menos todavía se oponen a su lógica. Las segundas rebasan el área capitalista, revelando la naturaleza terrorista de la economía, por lo que apenas pueden camuflarse como problemas ambientales, ecológicos o agrarios: las contradicciones principales son pues las externas, bien producidas por el choque entre la finitud de los recursos planetarios y la demanda infinita que exige el desarrollo, bien por el choque entre las limitaciones que impone la devastación y la destrucción ilimitada a la que obliga el crecimiento continuo. La autodefensa ante el terrorismo de la mercancía y del Estado se manifiesta tanto como lucha urbana que rechaza la industrialización del vivir –o sea, como anticonsumismo–, que como defensa del territorio negando la industrialización del espacio. Los representantes de la dominación, si no pueden integrar ambas luchas bajo el ropaje de oposición “verde” y ciudadana, respetuosa con sus reglas de juego, la presentarán como un problema minoritario de orden público, para poder así reprimirlas y aplastarlas.

En un momento en que la cuestión social tiende a presentarse más nítidamente como cuestión territorial y un sujeto histórico tiende a constituirse como comunidad vecinal, sólo la perspectiva antidesarrollista es capaz de plantearla correctamente. De hecho, la crítica del desarrollismo es la crítica social tal como ahora existe; ninguna otra es verdaderamente anticapitalista, puesto que ninguna cuestiona la abundancia, el crecimiento o el progreso, los viejos dogmas que la burguesía traspasó al proletariado. Al revisar el papel de la resistencia y creatividad campesina en la historia, proporciona, en nombre de la Razón, una teoría histórica radicalmente antiprogresista: la historia se ralentiza con el desarrollo del Estado y no al contrario; los tiempos intensos transcurren en los años oscuros. Las grandes masacres de campesinos respondieron a los intentos por parte del Poder constituido de resistir a la historia, es decir, la memoria de abajo, y convertirla en conocimiento codificado del pasado muerto. Por otro lado, las luchas en defensa y por la preservación del territorio, mediante la segregación revolucionaria y la reordenación comunitaria del espacio, al sabotear el desarrollo económico y la burocratización política, hacen que el orden de la clase dominante se tambalee: en la medida en que consigan conformar un sujeto colectivo anticapitalista esas luchas no serán más que la lucha de clases moderna.

La conciencia social anticapitalista se desprende de la unión de la crítica y la lucha, es decir, de la teoría y la práctica. La crítica separada de la lucha deviene ideología (falsa conciencia); la lucha separada de la crítica deviene aventurerismo, vanguardismo o reformismo (falsa oposición). La ideología propugna a menudo un retorno imposible al pasado, lo cual proporciona una excelente coartada a la inactividad (o a la actividad virtual, que es lo mismo), aunque la forma más habitual de la misma sea desde el área económica marginal, el cooperativismo subvencionado o las redes consumistas –la llamada economía social; y desde el área política, el ciudadanismo (o populismo a la europea). La verdadera función de la praxis ideológica es gestionar el desastre. Tanto la ideología como el reformismo que es su necesaria secuela, separan la economía de la política para así proponer soluciones dentro del sistema dominante, bien sea en un campo o en el otro. Y ya que los cambios han de derivar de la aplicación de fórmulas económicas, jurídicas o políticas que desarrollen burocracias en los campos correspondientes, el reformismo niega la acción, que sustituye con sucedáneos lúdicos, convivenciales y simbólicos. Huye de un enfrentamiento real, puesto que quiere a toda costa compatibilizar su práctica con la dominación, o al menos aprovechar sus lagunas y resquicios para subsistir y coexistir. Quiere gestionar espacios aislados y administrar la catástrofe, no suprimirla.

La unión arriba mencionada entre la crítica y la lucha proporciona al antidesarrollismo una ventaja que no posee ninguna ideología: saber todo lo que quiere y conoce el instrumento necesario para ir a por ello. Puede presentar de modo realista y creíble una teoría unitaria de la historia, de la crisis y del sujeto, a la vez que los trazos principales de un modelo alternativo de sociedad, sociedad que se hará palpable tan pronto como se supere el nivel tacticista de las plataformas, asociaciones y asambleas, y se pase el nivel estratégico de las comunidades combatientes. O sea, tan pronto como los medios empleados se adecuen a objetivos finales; en fin, tan pronto como la fractura social pueda expresarse en todo el sentido con un “nosotros” frente a “ellos”. Los de abajo contra los de arriba.

Las crisis provocadas por las huidas hacia adelante del capitalismo no hacen sino afirmar a contrario la pertinencia del mensaje antidesarrollista. Los productos de la actividad humana –la mercancía, la ciencia, la tecnología, el Estado, las conurbaciones– se han complicado, independizándose de la sociedad e irguiéndose contra ella. La humanidad ha sido esclavizada por sus propias creaciones incontroladas. En particular, la destrucción del territorio debido a la urbanización cancerosa se revela hoy como destrucción de la sociedad misma y de los individuos que la componen. El desarrollo, tal como un dios Jano, tiene dos caras: ahora, las consecuencias iniciales de la crisis energética y del cambio climático, al ilustrar la extrema dependencia e ignorancia del vecindario urbano, nos muestran la cara que permanecía escondida. El estancamiento de la producción gasística y petrolera, anuncian un futuro donde el precio de la energía será cada vez más alto, lo que encarecerá el transporte, acarreará crisis alimentarias (acentuadas todavía más por el calentamiento global) y causará colapsos productivos. A medio plazo las metrópolis serán totalmente inviables y sus habitantes se encontrarán en la tesitura de escoger entre rehacer su mundo de otro modo o desaparecer entre las ruinas las megalópolis.

El antidesarrollismo quiere que la descomposición inevitable de la civilización capitalista desemboque en un periodo de desmantelamiento de industrias e infraestructuras, de ruralización y de descentralización, de descapitalización y desestatización, o dicho de otra manera, que inicie una etapa de transición hacia una sociedad justa, igualitaria, equilibrada y libre, y no un caos social de dictaduras y guerras. Con tal augusto fin, el antidesarrollismo trata de que estén disponibles las suficientes armas teóricas y prácticas para que puedan aprovecharlas los nuevos colectivos y comunidades rebeldes, germen de una civilización distinta, liberada del patriarcado, de la industria, del capital y del Estado.

Editorial #5 de la Revista Antidesarrollista y Libertaria Argelaga

https://argelaga.wordpress.com/2016/07/05/editorial-5-que-es-y-que-quiere-el-antidesarrollismo/

Enlace al artículo

Libertad de expresión para Ayax y Prok

A mis hijos Ayax y Prok, que son artistas raperos, los hadenunciado la Unidad de la Policía para Delitos Tecnológicos, por un videoclip elaborado y editado en 2014, cuando aún no había entrado en vigor la Ley Mordaza del PP.

Es una canción que muestra el hartazgo y la protesta de muchos jóvenes que suelen estar sentados en las plazas o en los parques de su ciudad, como único modo de ocio.

Estos jóvenes, la mayoría hijos de los que padecemos la crisis, se ven constantemente interpelados, con muy malas formas en muchas ocasiones, por policías, que casi de diario les multanpor consumir bebidas (incluso no alcohólicas) en lugar público o simplemente estar allí.

La mayoría de ellos ya están endeudados con el Estado por estas multas, sin haber encontrado aún ni su primer trabajo. Esta situación es la que pretende expresar la canción. Sobre todo habla de la prepotencia con que a veces tratan a los ciudadanos.

Aparentemente esta unidad policial los ha denunciado por injurias y porque aparecen en una imagen, en un segundo plano y bastante diluidas, las figuras de dos policías. Esto atentaría, según ellos, contra la seguridad ciudadana de la nueva Ley Mordaza del PP, que entró en vigor mucho después de ser editado y publicado este videoclip.

Yo, mi familia y amigos defendemos que en esta publicación ellos sólo ejercen su derecho a la libertad de creación y de expresión, que están contemplados en nuestra Constitución.

¡Apóyalos con tu firma! La multa puede llegar hasta los 30.000 euros, cifra que mi familia no podría jamás pagar ya que somos parados.

Muchas gracias

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COMUNICADO DE LA CNT-AIT DE GRANADA RESPECTO A LA DETENCIÓN DE LOS INTEGRANTES DE “TÍTERES DESDE ABAJO” POR SUPUESTO ENALTECIMIENTO DEL TERRORISMO

El viernes 5 de Febrero los dos integrantes de “Títeres desde Abajo” fueron detenidos en el transcurso de su última obra, “La Bruja y Don Cristóbal”, bajo la acusación de enaltecimiento del terrorismo. Nuestro sindicato conoce a estas dos personas: una de ellas es militante de nuestra Organización, y la otra es un gran y querido amigo que conocemos desde hace años. Esta obra no es la primera de “Títeres desde Abajo”.

 

“La Bruja y don Cristóbal” se estrenó en Granada el pasado 29 de Enero y se repitió el 31 del mismo mes. Muchas personas pudimos asistir a los dos actos, y conocer la trama y su trasfondo. Su posición, que procura ser humanitaria, ante ciertos problemas de actualidad, podía chocar con el de otras posturas políticas. La obra sí defiende la convivencia, la tolerancia y la aceptación de lo diferente. Los enfrentamientos que se producen son ante representaciones de poderes que no lo aceptan, y en ese sentido se desarrolla la trama.

 

En la actuación del 5 de Febrero, ya en Madrid, parte del público asistente se sintió muy molesta con la obra, y lejos de limitarse a una cuestión estética o de criterios, llamaron a la policía para denunciar una supuesta enaltecimiento del terrorismo. La policía acudió y procedió a detener a los integrantes de Títeres desde Abajo, que habían tenido que interrumpir la obra por la acción de los descontentos. Desde entonces, están incomunicados y en comisaría.

 

La prensa, fiel a la fácil fórmula “noticia impactante y difícil de comprobar”, concentrada también en el morbo de determinadas figuras políticas de Madrid, ha procedido a publicar la denuncia tal cual, sin contrastar la versión de los acusados, dando por resultado un relato completamente erróneo de lo que es la obra que pudimos ver en Granada, y que esperamos documentar pronto. En el contenido de las noticias se subrayaba la exaltación del terrorismo por medio de una pancarta con el lema escrito de “Gora Alka-ETA”, sacando de contexto la trama. Asimismo, se hablan de asesinatos y violaciones a monjas y jueces.

 

Al respecto, y para indicar unas necesarias aclaraciones, debemos relatar lo que es, en realidad, la obra. En esencia, “La Bruja y don Cristóbal” procura representar, bajo las figuras recurrentes de cuentos y teatros, la “caza de brujas” al movimiento libertario que ha sufrido en los últimos años, con los montajes policiales estilo “Operación Pandora”. La obra está protagonizada por una bruja, que representa a las personas de mala fama pública, y que se ve en la situación de enfrentarse a los cuatro poderes que rige la sociedad, esto es: la Propiedad, la Religión, la Fuerza del Estado y la Ley. La protagonista está en su casa, y, en primer lugar, su vida es interrumpida por la aparición del “Propietario”, que resulta ser el legítimo poseedor legal de la casa donde vive. No existen monjas violadas; bajo la forma de los muñecos, los adultos podemos comprobar que el propietario decide aprovecharse de la situación para violar a la bruja; en el forjeceo, la bruja mata al propietario. Pero queda embarazada, y nace un niño. Es entonces cuando aparece la segunda figura: una monja, que encarna la Religión. La monja quiere llevarse al niño, pero encuentra resistencia en la bruja, y en el enfrentamiento, la monja muere. Es entonces cuando aparece el Policía, que representa la Fuerza del Estado, y golpea a la bruja hasta dejarla inconsciente, y tras ello, construye un montaje policial para acusarla ante la Ley, colocando una pancarta de “Gora Alka-ETA” sobre su cuerpo, que intenta mantener en pie para realizar la foto, como prueba. A partir de este montaje policial, surge la cuarta figura, que es la del Juez, que acusa, y condena a muerte, a la protagonista, sacando una horca. La bruja se las arregla para engañar al juez, que mete la cabeza en su propia soga, y la aprovecha para ahorcarle, para salvar su propia vida. El relato continúa algo más, pero esta es la esencia de lo que transcurre, y donde se encuentra toda la polémica.

 

Se puede valorar si la obra es o no es para niños o para todos los públicos, pero resulta sorprendente que dos personas estén detenidas e incomunicadas por una cuestión de mayores de doce o dieciocho años. Si bien se hace necesario indicar que, más allá del reclamo de unos títeres, Títeres desde Abajo nunca ha mencionado que su última obra es para niños. En su blog dividen sus obras en las dedicadas a todo el público, “Teatro Popular”, y las específicamente para niños, “Espectáculos Infantiles”. “La Bruja y don Cristóbal” no aparece en esta última sección, por lo cual no se puede acusar a Títeres desde Abajo de engaño y atraer a un público determinado. El hecho de usar muñecos no lo hace necesariamente infantil, y en ello estaría de acuerdo el “cuervo Rockefeller”. Asimismo, en la sinopsis presentada se hablaba claramente de “cachiporras” y de “libertad”. No se puede insistir en que el problema es que no se sabía el contenido por parte de los asistentes. Obviamente, de terrorismo no, porque no hay terrorismo. Pero, en cualquier caso, en la actualidad, los niños presencian cotidianamente cosas mucho peores, no solo en la televisión, sino en la propia calle que pisan, y no vamos a entrar en detalles sobre si hay padres que los llevan a los toros, la politización de muchas chirigotas que actúan en plena calle (y nos parece fenomenal), les enseña historias de crucificados o los llevan a ver bambi. Dicho esto, creemos que es importante ver la obra: aunque pueda ser de mayores, no es tan dura como se ha presentado, que da la sensación de ser una nueva parte de Saw.

 

Sin embargo y en cualquier caso, es absolutamente inexistente el enaltecimiento al terrorismo, el motivo por el que han sido detenidos y puestos en absoluta incomunicación. Una medida represiva que resulta extremadamente paradójica: es precisamente lo que denuncia la obra. No deja de sorprender cómo las leyes contra el terrorismo pueden servir con tanta eficacia a prejuicios políticos bien definidos e imponer situaciones de indefensión a los acusados, con tan solo unas palabras de los denunciantes. Personas que confunden el terrorismo con lo que no aceptan social ni políticamente; que se indignan ante la censura a Charlie Hebdo pero que luego no dudan en hacer de talibanes ibéricos; que defienden a los niños de la politización representada en una denuncia a los desahucios, mientras ignoran la politización de la enseñanza y de la religión que les meten entre oreja y oreja, o que claman “es la ley” cuando un niño y su familia se quedan sin casa, hecho “sin duda, poco político”.

 

A todo ello, se suma el Ayuntamiento de Madrid, que quiere denunciar a Títeres desde Abajo, como reacción netamente política que se debe, indudablemente, a su necesidad de responder públicamente a las acusaciones de complicidad con los detenidos, que se realiza desde los sectores reaccionarios de la derecha española y buena parte de la prensa, que busca desesperadamente cualquier ataque político, sin importar la libertad de la gente. Bellos aquellos años donde un 15-M, que se esfuerzan en representar, era objeto de todo tipo de acusaciones ridículas.

 

Desde nuestro sindicato queremos expresar nuestro apoyo a Títeres Desde Abajo, exigimos la inmediata libertad de los detenidos y el libre ejercicio de la creación artística. Estamos en otra situación de represión política ejercida por las autoridades y un sector social muy definido políticamente en este país. Las energías que gastan ante representaciones artísticas, bien podían usarlas para fines más importantes para personas realmente necesitadas, pero es evidente que todo no es más que una máscara para ocultar intenciones políticas que se transmiten por la fuerza y no la cultura. Finalmente, agradecer a todas las personas, asociaciones y organizaciones que en el transcurso de unas pocas horas han mostrado su apoyo a Títeres desde Abajo y que han contactado con nuestra Organización al conocer nuestra relación directa con los dos detenidos, que esperamos que salgan libres inmediatamente.

 

 

CNT-AIT Granada

6 de Febrero de 2016

Anarquía, acracia o ideas libertarias (Reflexiones desde Anarres)

Enlace al blog

Insistimos mucho en ello, y si ningún ánimo de ser victimistas; la profunda desvirtuación y gran ignorancia sobre las ideas anarquistas. Es así hasta el punto que la difusión cultural, junto a prácticas en proyectos de todo tipo, son muy necesarias en el movimiento anarquista.

Todavía hoy, insistimos, tal vez demasiado, en depurar los nombres de la «anarquía» y del «anarquismo», que para muchos siguen invocando el peor de los males (desorden, caos…). Las explicaciones, muy sintetizadas, no tardan en llegar para aclarar lo que ha sido y es el anarquismo. De hecho, ante el grado de error que supone el etiquetarse como «anarquista», preferimos no pocas veces otros vocablos, sinónimos, pero de acogida más «amables», como «libertario» o «ácrata». «Libertario», por ser de la familia de la libertad, aunque su significado está siendo también algo pervertido por aquellos liberales radicales que no parecen renunciar a la explotación del trabajo ajeno (una concepción de la libertad, por supuesto, ajena al anarquismo). En  cuanto a «ácrata», que particularmente es muy del gusto del que suscribe, resulta que causa no poca empatía en nuestro interlocutor hasta el punto de afirmar no pocas veces que él también se lo considera; sin embargo, algunas piezas no encajan al comprobar que su concepción política (tan importante o más que de otro tipo) nada tiene que ver con el anarquismo.

Lo dicho, hablar de anarquía y de anarquismo sigue siendo malsonante, de modo lamentable, pero es necesario más que nunca hacerlo y aclarar su teoría y sus prácticas. De hecho, en los comienzos del anarquismo hubo quien aceptó que las ideas eran bellas, pero el nombre elegido desafortunado. Ha pasado ya siglo y medio de aquello, y seguimos con una controversia que obliga a la permanente aclaración. Ya se sabe que Proudhon fue el primero con valor suficiente para adoptar el término, si bien con cierta ambigüedad; no obstante, al parecer, ya hubo socialistas utópicos anteriores, tan radicales, que les etiquetaron como «anarquistas». Kropotkin, en su Palabras de un rebelde, recordaba la polémica de los antiautoritarios en los comienzos de la Primera Internacional sobre la palabra «anarquía» (al pretender escribirlo con un guión intercalado para diferenciarlo de la concepción negativa, que supone ausencia de orden, no de autoridad). Como no podía ser de otra manera, no tardarían en aceptar el término con todas sus consecuencias. Anarquía, el objetivo, y anarquismo, el método, significan sobre todo el principio de la solidaridad. Con una palabra invocamos lo más noble del ser humano. Por supuesto, supone mucho más: solidaridad, apoyo mutuo, libertad, igualdad…Si hay unas ideas que se han opuesto a la tiranía, en cualquier de sus grados y de sus formas, son las anarquistas (o ácratas o libertarias). ¿Alguien, crea o no que es posible una sociedad anarquista, puede seguir sosteniendo el supuesto horror que invoca la anarquía?

El poder, por supuesto, contrario por su propia naturaleza a todo lo que lo niegue o cuestione, se encarga de seguir identificando las ideas anarquistas con caos, desorden y terrorismo. Resulta curioso viniendo de lo que no es más que la violencia institucionalizada. En el imaginario popular sigue calando dicha concepción hasta el punto de escuchar lo necesario del Estado como muestra de nuestro grado de civilización y de la necesidad de otorgarnos leyes. Claro está, en el uso del tiempo verbal está la trampa, son leyes «otorgadas» por más que que usen la ilusión de la elección democrática de los dirigentes. Es tan sencillo como comprender que el anarquismo no es ni siquiera una «ausencia de leyes» (una suerte de anomia), sino el rechazo de que dichas normas sociales surjan de una instancia ajena a los propios interesados (sí, el Estado, por más que trata de adjetivarse como «democrático»). El problema de la comprensión de las ideas anarquistas, insisto, se acepte o no su viabilidad, es parte de uno mucho mayor; la gran incultura política que vive nuestra sociedad, y que el sistema se encarga de mantener amparándose en que no es posible nada mejor (el fin de las ideologías, claro, pero también seguramente de las ideas en general, de la conciencia política y de todo actividad creativa e innovadora).

Por un lado, la ignorancia, por otro la desvirtuación; sin ánimo de ser victimistas, es al parecer el sino de las ideas anarquistas. La difusión cultural, de una manera amplia, es por lo tanto una tarea importante junto a determinadas prácticas que ejemplifiquen el tipo de sociedad que queremos. Como no nos gusta conquistar el poder, tampoco el mediático, y somos amantes de toda empresa horizontal y autogestionada, la tarea se antoja ingente. No obstante, por supuesto, no desfallecemos y ahí seguimos. Ya se sabe que otro de nuestros principios, aunque más por ser también una práctica, es mostrarnos coherentes entre medios y fines; las prácticas anarquistas en la sociedad actual, estatista y explotadora, adelanta lo que nos gustaría que fuera la sociedad de mañana. Tan bello y tan sencillo como eso.

El anarquismo no es una concepción ingenua de la sociedad, ni mucho menos de la condición humana. Es más, puede verse como una filosofía compleja sobre la libertad, la justicia social e, incluso, sobre la propia democracia. Sí, hay anarquistas a los que no les gusta nada la palabra «democracia», precisamente por estar sumamente pervertida por décadas de mala praxis (podemos remontarnos a los orígenes en la Antigüedad para comprender que el asunto es más complejo que la simple elección de gobernantes). En cualquier caso, si existe el término «acracia» en la modernidad debe ser por algo. No obstante, lo que está desacreditado no es la propia democracia, deseable al considerarse sinónimo de mayores cuotas de libertad, sino la democracia parlamentaria limitada a elegir a los gobernantes. La controversia entre democracia y acracia, en cualquier caso, me resulta también muy enriquecedora. A mi modo de ver las cosas, la segunda, «ausencia de gobierno» en lugar de «gobierno del pueblo», resulta una profundización de la primera. Por supuesto, esa mayor libertad para elegir directamente sobre los asuntos que nos afectan debe producirse en un contexto de verdadera igualdad social, y económica, o el asunto se vuelve una falacia. El lenguaje es importante, pero más lo son las prácticas que inciden sobre la realidad.